El pasado del Palacio de Gaviria

Mandado construir por Manuel Gaviria y Douza, Marqués de Gaviria y Conde de Buena Esperanza, al arquitecto Aníbal Álvarez Bouquel, este palacio de estilo renacentista italiano, se inauguró en 1851 con un baile al que asistió Isabel II. Esta joya se situó en la calle Arenal, ocupando un lugar privilegiado en la zona preferida de la burguesía de la época, entre la Puerta del Sol y Ópera, hoy centro neurálgico del comercio madrileño.

Los usos y anecdotario de este singular y emblemático espacio madrileño son muchos y variados. Van desde haber sido considerado en sus inicios el rincón favorito de la reina Isabel II para citarse con sus amantes (se dice que incluso había un pasadizo secreto que lo comunicaba con el Palacio Real), hasta convertirse en lugar de acogida de encuentros de intercambio entre guiris Erasmus, pasando por su recordado pasado como sala de fiestas, discoteca y hasta after de domingos.

Protegido por Patrimonio debido a su valor histórico, el Palacio conserva en su interior elementos de gran valor: su gran escalera principal que da acceso a la planta noble, con dos estatuas colocadas en sendas hornacinas. También los techos decorados con pinturas de Joaquín Espalter, en la escalera y en el Salón de Baile, que es quizá su estancia más destacada.

En la actualidad, protegido por Patrimonio Nacional, se ha convertido en espacio expositivo y centro cultural, y sus salas, gestionadas por LOCALE EVENTS & SOUL, se ponen a disposición de empresas, agencias y marcas como escenario único y singular para los eventos más exclusivos.

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